Banana Pancake: la ruta mochilera más popular del mundo

Baja

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Un banana pancake es una tortita o crepe de plátano y generalmente, chocolate. A simple vista, un desayuno o merienda más bien contundente. También da nombre a la ruta mochilera más popular del mundo, la que recorre el Sudeste Asiático.

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[/vc_column_text][vc_column_text]En los últimos cuarenta años, una marabunta ha tomado, poco a poco, uno por uno, todos los países del Sudeste Asiático. El ejemplar medio es, más o menos, así: joven, anglosajón (australiano, británico, estadounidense), piel roja si acaba de llegar, negra si lleva meses dando tumbos; bermudas de colores chillones, flip-flops, camiseta con el logo de cerveza Chang o Tiger, mochila casi más grande que él. Este ejército de ocupación está por todas partes: en Bangkok, en Bali, en Siem Reap, en Yogyakarta; vayas donde vayas en la región, es imposible escapar de él.

La Ruta Banana Pancake es un sueño para millones de veinteañeros en todo el mundo. Dejarlo todo apenas salir de la Universidad o abandonar un aburrido trabajo de oficina. Perderse durante meses por junglas, playas paradisíacas y antiguos templos budistas. Ha sacado del subdesarrollo a muchos países. Ha generado peligrosos excesos y ha puesto en peligro culturas locales. No hay otra región en el mundo donde se vean tan claramente los beneficios y los males del turismo de masas.[/vc_column_text][vc_column_text]

¿Qué es la ruta banana pancake?

Lo primero que hay que decir de la Ruta Banana Pancake es que, en realidad, no es una ruta. No tiene un punto A de partida y un punto B de llegada. Al estilo de lo que ha acabado sucediendo con la Ruta 66, en Estados Unidos, la Ruta Banana Pancake es una constelación de lugares esparcidos por el Sudeste Asiático. A grandes rasgos: Tailandia, Vietnam, Laos, Camboya, Malasia, Indonesia y Filipinas. Hay quien también incluye el sur de China, Nepal y el sur de India. Myanmar apenas empieza a unirse a la fiesta.[/vc_column_text][vc_column_text css_animation=”slideInLeft”]

La Ruta Banana Pancake es una constelación de lugares por el Sudeste Asiático

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¿Qué tienen que ver las tortitas de banana y chocolate en todo esto? Más de lo que parece. Estos dulces han acabado por definir la ruta porque son el símbolo perfecto de la adaptación del local al turista y no al revés. Los cientos de miles de mochileros que viajan por el Sudeste Asiático cada año suelen querer una experiencia auténtica, pero no demasiado, especialmente en lo que se refiere a comida. Es por esto que los puntos calientes del turismo mochilero en la región están abarrotados de hoteles y puestos callejeros que sirven tortitas (y yogures con muesli y pizzas y hamburguesas) que no tienen nada que ver con la gastronomía local pero que hacen la vida más fácil al de fuera.

Carritos ambulantes de tortitas: están por todo el Sudeste Asiático

Así pues, el mochilero que pulula por el Sudeste Asiático suele subsistir con una dieta que mezcla los pad-thai, el pho y las brochetas satay con otras comidas que le recuerdan que tiene un hogar al que volver.[/vc_column_text][vc_column_text]

Historia de la ruta banana pancake

Es imposible establecer con precisión cuándo empezó la invasión mochilera, pero ya en los años sesenta, la estabilización política de Tailandia y el papel creciente de Bangkok como nodo aéreo internacional atraían a un número creciente de turistas. Eran los primeros turistas de mochila y hostal, en busca de una especie de experiencia mística. La Fiesta de la Luna Llena de Koh Phangan, uno de los puntos calientes de la ruta (y sobre el que volveremos luego) nació a finales de los años ochenta, aunque su origen exacto tampoco está claro del todo. En una entrevista con la revista Time (en inglés), uno de los fiesteros originales, un periodista escocés llamado Colin Hinshelwood, recordaba así los inicios:

“Tenía un restaurante-bar en la playa y yo era el único extranjero con un negocio allí. Teníamos un generador, como el resto de hoteles, pero sólo funcionaba entre las 6 y las 10 de la noche. Cuando el restaurante cerraba, los fiesteros se apañaban con velas o fogatas en la playa. El cielo estaba estrellado y había reflejos fosforescentes en el agua cuando rompían las olas”.

En aquellos tiempos, el Sudeste Asiático era una meca hippie a la que se peregrinaba en busca de culturas exóticas, playas desiertas, exploración personal y drogas alucinógenas; una versión moderna del Grand Tour con el que los jóvenes aristócratas ingleses descubrían Europa en el siglo XVII.

La Fiesta de la Luna Llena de Koh Phangan no tiene nada que ver con sus orígenes

[/vc_column_text][vc_column_text]¿Qué ha ocurrido en estos treinta años? El abaratamiento de los viajes aéreos, el desarrollo y la estabilización política de los países de la zona, la popularización de los viajes exóticos como modo de ocio entre los jóvenes, la eclosión de las guías de viaje, significativamente la Lonely Planet… todos estos factores han creado una robusta industria del turismo en el Sudeste Asiático. La película “La Playa”, rodada en Tailandia y que volvió a todo el mundo loco por la isla de Koh Phi Phi, hizo el resto.

¿Por qué la ruta banana pancake?

Aunque el Sudeste Asiático es el destino predilecto para mochileros de todo el mundo que buscan evadirse durante unos cuantos meses, lo cierto es que la Banana Pancake no es la única ruta de estas características. América Central y del Sur, Australia, África Oriental… todas ofrecen atractivos. Sin embargo, el Sudeste Asiático cuenta con un cóctel especialmente tentador. Estos son algunos de sus ingredientes:

Barato: el Sudeste Asiático sigue siendo una zona barata, en términos generales. Por supuesto, el turismo mochilero no es el único que llega a la región, y en muchos lugares hay complejos hoteleros de cinco estrellas. Sin embargo, sigue siendo posible viajar por la región por cuatro perras. Hostales a precios irrisorios, puestos de comida callejera por todas partes e incluso una aerolínea de bajo coste que cubre los principales puntos de la ruta.

Exótico: el exotismo es una noción relativa que depende del punto de vista de cada uno. Sin embargo, para los cientos de miles de jóvenes occidentales que cada año buscan una experiencia viajera inolvidable, el Sudeste Asiático tiene una oferta difícil de igualar. Desde los templos de Angkor a la jungla urbana de Bangkok, pasando por las terrazas de arroz del norte de Vietnam o las playas filipinas.

Seguro: no hay ningún lugar del mundo que ofrezca garantías totales de seguridad, pero Asia Oriental es lo más cercano que hay a esto. El Sudeste Asiático también tiene lugares sórdidos donde conviene andarse con ojo, pero en general, es una región amable con el turista, por la que se puede transitar con tranquilidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/6″][/vc_column][vc_column width=”5/6″][vc_column_text css_animation=”slideInLeft”]

El Sudeste Asiático es una región amable con el turista

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] Buen tiempo: olvídate del frío. en el Sudeste Asiático siempre -siempre- hace calor. Esto tiene una ventaja obvia para el mochilero de larga duración, que no tendrá que cargar con prendas gruesas. Lo único que hay que tener en cuenta a la hora de planificar es la temporada de lluvias, que varía en función del país. Por lo demás, los viajeros que se mueven por la región en la estación seca (la mayoría) pueden disfrutar de algunas de las mejores playas del mundo, lo que, no nos engañemos, constituye uno de sus grandes atractivos.

Infraestructuras turísticas: para lo bueno y para lo malo, el Sudeste Asiático ya es un destino trillado. Lo malo es que cada vez es más difícil encontrar lugares que no estén saturados. Lo bueno es que viajar por la región es muy fácil. Hay agencias de viaje por todos lados. Casi cualquier actividad que se te ocurra se le habrá ocurrido a cientos de personas antes y por lo tanto, habrá quien pueda ayudarte con ella. Moverse entre ciudades y entre países es sencillo: las opciones para desplazarse en autobús, furgoneta o tren son ilimitadas. Y ya lo hemos dicho antes, pero merece la pena repetirlo: el fenómeno de las aerolíneas de bajo coste está muy presente en la zona; una simple búsqueda en Google te permitirá saber cuáles son las más populares en cada país.

Todo en el Sudeste Asiático está pensado para el turista

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Los peligros del turismo masivo

La llegada masiva de turistas al Sudeste Asiático es una espada de doble filo. Por un lado, supone una fuente constante de ingresos en países que apenas empiezan a escapar del subdesarrollo. Sin embargo, también tiene una cara B. En muchos lugares, dicha fuente de ingresos es prácticamente la única, así que se hará lo que sea necesario para acomodar a los turistas. El impacto más visible es el de la erosión y la homogeneización de las culturas locales. A veces, viajando por el Sudeste Asiático uno tiene la sensación de visitar siempre el mismo lugar: ciudades llenas de hostales,  lavanderías, cibercafés, tiendas de alquiler de motos, pizzerías y bares. El pack completo para el mochilero.[/vc_column_text][vc_column_text css_animation=”slideInLeft”]

El turismo masivo también tiene una cara B.

[/vc_column_text][vc_column_text]Hay otros efectos secundarios más inquietantes. Por ejemplo, la explotación de los elefantes para que los turistas monten en ellos. O la aparición de un inquietante turismo de orfanatos, especialmente en Camboya. Sin olvidar, por supuesto, el monumental problema de trata de mujeres y prostitución infantil que sufren muchos países de la zona.

La explotación de los elefantes se ha convertido en un problema en Tailandia

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 Los puntos más populares de la ruta banana pancake

A continuación, una lista no demasiado exhaustiva de algunos de los puntos más populares de la ruta mochilera del Sudeste Asiático. Si te gustan los viajes por lugares poco trillados, mejor que no tengas ninguno de los siguientes en tu lista: lee, explora, olvídate un poco de las agencias de viaje, súbete a autobuses locales y explora los lugares menos concurridos de la zona. Es difícil, pero todavía se puede. Si te quieres unir a la mayor fiesta mochilera del mundo, es probable que acabes en alguno de los siguientes sitios (¡o en todos!):

Khao San Road, Bangkok, Tailandia: el kilómetro cero de la Ruta Banana Pancake. La calle más turística de una de las ciudades más turísticas del mundo. Aquí empiezan y acaban la mayoría de las aventuras mochileras por el Sudeste Asiático. Todos los tópicos del turismo barato condensados y destilados en una calle.

Koh Phangan, Tailandia: la auténtica Fiesta de la Luna Llena. Ya ha perdido algo de su misticismo porque prácticamente todas las islas turísticas tailandesas tienen sus propias fiestas (casi cada día del año), pero ésta es la de verdad. Alcohol, drogas, hogueras en la playa, música a todo trapo y desfase en un lugar idílico. El calendario, aquí.

Siem Reap, Camboya: un descanso de tanta playa y tanta fiesta para deleitarse con algo de cultura. En el norte de Camboya se encuentra la joya de la corona de los monumentos asiáticos. Las ruinas jemeres de Angkor son uno de esos lugares que no conviene morirse sin haber visto. Tampoco sufras demasiado, podrás tomarte una cerveza por la noche. La ciudad de Siem Reap, desde la que se visitan los templos, se ha convertido en una central mochilera.

Amanecer en Angkor Wat

Luang Prabang, Laos: la antigua capital de Laos suele ser un destino popular por su atmósfera relajada, a pesar de que para llegar hay que recorrer muchos tramos de carreteras montañosas. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995, conserva bien su herencia colonial francesa.

Ubud, Indonesia: el centro cultural y artístico de la isla de Bali. Ubud tiene una atmósfera singularmente tranquila y aquí los excesos mochileros se relajan hasta casi desaparecer. No encontrarás bares y discotecas que abran hasta tarde. Sí cafeterías, galerías de arte, museos y excursiones por los arrozales de los alrededores.

Palawan, Filipinas: Palawan suele estar en los puestos de cabeza de los ránkings de islas más bonitas del mundo. Todos los topicazos de la postal de playa perfecta están aquí: la arena blanca, el agua turquesa, las palmeras. El Nido, en el norte de la isla, se ha convertido en un lugar de peregrinación para hacer excursiones entre islas y para bucear.

                 Las aguas turquesa de El Nido, en Palawan

¿Has viajado por el Sudeste Asiático? ¿Te gustaría ir allí? ¡Comparte tus impresiones en los comentarios!

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2 Comments

  1. Me encanta el post!! Puede que sea un destino muy trillado para los que conocéis o habéis estado alguna vez por Asia, pero para mi que jamás de los jamases he ido me parece espectacular, y una ruta muy chula para irse un tiempo a la aventura. Coincido completamente contigo en los problemas del turismo masivo, dan de comer a la gente local pero se carga la experiencia.

    Respecto al problema de los elefantes, es tan injusto! He oído que en Tailandia están intentando crear reservas para elefantes para criarlos sin explotación, ¿puede ser?.

    He visto este problema también en Petra: para subir al Deir (un monasterio en la cima de una montaña) los turistas más vagos (y normalmente más pesados) pueden contratar burros para subir por unas escaleras eternas (creo que son unos 700 escalones en la piedra) y es tan horrible…

    Espero muchos más posts de rutas “exóticas”!! ?

    • Para mí es un problema casi imposible de resolver. Desde nuestra perspectiva muchas veces da pena ver la homogeneización de culturas locales, pero para la gente que vive allí el turismo es, muchas veces, la única manera de tener una vida digna. La verdad es que el Sudeste Asiático, en general, es una zona chulísima, muy divertida y con mil cosas que ver y hacer. Si yo fuera tú la pondría bien arriba en la agenda viajera 🙂

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